Tal vez llega más silencioso… más honesto.
Y eso también está bien.
Hay momentos de la vida —especialmente en la madurez femenina— en los que no necesitamos empujarnos a ser “mejores”, sino volver a escucharnos.
Bajar el volumen de lo externo.
Y permitir que la voz interna tome su lugar.
Este es uno de esos momentos.
No para definir grandes metas.
No para prometer cambios radicales.
Sino para preguntarte, con suavidad:
Desde el Divino Femenino encarnado, recordar quién eres no es un acto mental.
Es un gesto interno.
Una sensación en el cuerpo.
Una verdad que se siente más que se explica.
A veces, volver a ti es tan simple como darte permiso de no saberlo todo todavía.
Busca un momento tranquilo.
Coloca una mano en tu pecho y otra en el vientre.
Respira lento tres veces.
Sin analizar, observa:
¿qué emoción está más presente...
50% Complete
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua.